Cuando el miedo se instala en casa
Hablar de violencia filio-parental es hablar del miedo que se vive de puertas para adentro, del silencio de madres y padres que no se atreven a decir que sienten temor de sus propios hijos. Es una violencia que cuesta explicar, reconocer y mucho más aún denunciar.
“No podría concretarse un solo perfil de familia para definirla”, explican desde Asociación Raíces, una entidad pionera en abordar este tipo de violencia desde un enfoque integral y humano.
La violencia filio-parental ocurre cuando un hijo o hija ejerce agresión física, verbal, psicológica o económica con el fin de tomar el control del hogar, manipular y dominar la situación familiar. A veces empieza con gritos, luego con chantajes, y con el tiempo puede escalar hasta romper completamente la estructura emocional de la familia.
Más frecuente de lo que parece, más silenciada de lo que debería
El aumento de casos en los últimos años ha sido notorio. Desde el ámbito judicial, educativo, sanitario y policial se confirma una misma tendencia: la violencia de hijos hacia sus progenitores está creciendo.
Pero muchas familias no lo cuentan. No saben si lo que están viviendo es «normal», si lo han provocado ellos, o si deben sentirse culpables por denunciar a quien han criado. Lo cierto es que, hasta que el miedo se hace insoportable, muchas personas intentan gestionarlo en soledad.
Asociación Raíces nació precisamente de escuchar a esas madres, padres y cuidadores que se sentían perdidos, juzgados o completamente desamparados por los servicios tradicionales.
“Las madres me decían que en ningún sitio se sentían comprendidas”, comparte Arantxa, fundadora del proyecto, quien dio forma a Raíces tras una investigación realizada durante su etapa académica vinculada a la justicia juvenil.
Raíces: una respuesta pionera ante un problema silenciado
Lo que comenzó como un proyecto de máster, se convirtió en una necesidad ineludible: crear un espacio donde las familias maltratadas por sus propios hijos pudieran ser escuchadas, comprendidas y acompañadas.
Raíces no es solo una asociación. Es una red de apoyo que trabaja desde el corazón del problema: la relación familiar. A diferencia de otros espacios, en Raíces no se trata solo al menor agresor o solo al adulto afectado. Se trabaja con toda la familia, desde una mirada terapéutica, preventiva y educativa.
El primer año, atendieron a ocho familias. Hoy son más de treinta y creciendo. El boca a boca, las derivaciones de profesionales de justicia juvenil, psicólogos, educadores sociales y centros escolares, han hecho que esta asociación se convierta en un referente en la intervención de la violencia filio-parental.
¿Cómo se manifiesta esta violencia?
Los profesionales de Raíces han identificado patrones que se repiten, aunque no existe un único perfil de familia:
- Chantaje emocional constante: el menor manipula al adulto para obtener lo que desea, usando amenazas, culpabilización o silencios castigadores.
- Intimidación y agresiones físicas o verbales: desde romper objetos hasta agredir directamente a los padres o hermanos.
- Pérdida total de autoridad de los adultos: los padres sienten que ya no pueden poner límites sin miedo a las reacciones.
- Descontrol emocional por parte del joven: muchas veces con un trasfondo de dolor no expresado, historia de acoso escolar, trauma, separación familiar o consumo de sustancias.
El objetivo no es culpabilizar al menor, sino entender que su comportamiento forma parte de una dinámica familiar más compleja y que puede tratarse si se aborda con sensibilidad y herramientas adecuadas.
“Intentamos sanar relaciones, no solo corregir conductas”
En Raíces creen en el trabajo con el núcleo familiar completo. Madres, padres, hijos e incluso hermanos son parte del proceso terapéutico, cuando las circunstancias lo permiten. Porque solo así se puede reordenar los roles, reconstruir el vínculo y sanar las heridas acumuladas.
“Hay chicos que llegan con mucha rabia acumulada, por situaciones como separaciones mal gestionadas, bullying en el colegio o simplemente falta de estructura emocional. A veces lo pagan con quien más los quiere: su familia.”
El trabajo en Raíces comienza desde el vínculo. Antes de aplicar teorías, límites o normas, hay que volver a conectar emocionalmente. Solo cuando el menor se siente comprendido y no juzgado, comienza el verdadero trabajo de transformación.
La importancia del acompañamiento a los padres
Cuando una madre o un padre decide denunciar a su hijo, no lo hace a la ligera. Lo hace después de haber agotado todos los recursos emocionales, después de haber sentido que su integridad física o mental está en peligro.
Y ese paso viene cargado de culpa, vergüenza, miedo y dolor.
Por eso, en Raíces también se acompaña específicamente a los adultos. No desde el juicio, sino desde el cuidado. Grupos terapéuticos de padres y madres permiten compartir experiencias, encontrar eco, ver que no están solos, y comenzar a recuperar la autoestima como cuidadores.
“Muchos padres llegan rotos. Piensan que han fracasado, que lo han hecho todo mal. Nosotros les ayudamos a entender que pedir ayuda no es rendirse, es tomar la decisión más valiente por el bienestar de la familia.”
Un enfoque preventivo y especializado
Desde Raíces saben que no basta con intervenir cuando el problema ya está cronificado. Por eso han comenzado a realizar charlas, talleres y acciones preventivas en centros escolares, asociaciones de madres y padres, y otras entidades educativas.
La violencia filio-parental no comienza de golpe a los 16 años. A veces se gesta desde las primeras rabietas no contenidas, desde patrones de crianza que no logran establecer límites claros o desde malentendidos emocionales que se acumulan durante años.
“Tenemos familias que llegan con hijos de 7 años. Ese es el mejor momento para actuar, para no llegar al punto de la denuncia.”
¿Existen perfiles comunes? ¿Hay estereotipos?
Uno de los grandes mitos en torno a este tipo de violencia es que solo ocurre en familias “problemáticas” o “desestructuradas”. Nada más lejos de la realidad.
En Raíces han trabajado con todo tipo de familias:
- De todos los niveles económicos y culturales.
- Con hijos que estudian Bachillerato o que han abandonado el sistema educativo.
- Con madres que han sido firmes y claras desde el principio.
- Con chicos que han consumido sustancias, y otros que no.
La violencia filio-parental no tiene un único rostro. Y eso hace aún más urgente hablar de ella sin tabúes ni prejuicios.
El sistema necesita respuestas más ágiles
Uno de los mayores desafíos para entidades como Raíces es la falta de recursos públicos específicamente destinados a esta problemática.
Muchas veces, los casos llegan a ellos cuando ya han pasado por varias instituciones, cuando la denuncia está puesta y el menor convive aún con la víctima, generando un clima de riesgo constante.
“Es el único delito en el que víctima y agresor siguen conviviendo bajo el mismo techo. Eso hace que la posibilidad de que la violencia se repita sea altísima.”
Desde Raíces insisten en que es necesario crear espacios intermedios, seguros y especializados, donde se pueda actuar sin necesidad de judicializar directamente, y donde se priorice la intervención emocional antes que la punitiva.
La necesidad de formar a profesionales especializados
Uno de los grandes vacíos que detectan desde la asociación es la falta de formación específica en violencia filio-parental dentro del ámbito profesional.
No todo psicólogo, educador, trabajador social o agente policial está preparado para gestionar este tipo de casos, que implican emociones muy intensas, estructuras familiares dañadas y conductas límite.
“Es un fenómeno complejo. No se puede tratar con manuales generales. Requiere especialización, sensibilidad y una red de apoyo real.”
Una comunidad que acompaña y transforma
Lo que diferencia a Raíces no es solo su metodología, sino su humanidad. El contacto diario con las familias, los mensajes que los chicos envían fuera del horario de atención, las sesiones donde por fin se abre una puerta para dialogar sin miedo.
“Para mí es súper importante el vínculo. No empiezo trabajando lo teórico, sino lo humano. Cuando ellos confían en ti, todo cambia.”
Raíces no salva, acompaña. No juzga, escucha. Y desde ese lugar, crece. Porque cada familia que se recupera, que vuelve a hablarse, que se abraza después de meses o años de dolor, es un pequeño triunfo frente al silencio.
¿Cómo podemos prevenir desde casa?
- Escuchar más allá de las palabras: detectar malestar emocional en la infancia temprana.
- Establecer límites claros sin autoritarismo.
- Normalizar el pedir ayuda: tanto los hijos como los padres deben saber que pueden necesitar apoyo.
- Fomentar la comunicación emocional en el hogar: expresar, contener, validar.
- No esperar al límite: si notas que la convivencia está deteriorándose, busca orientación antes de que se convierta en crisis.
Conclusión: hablar, prevenir, sanar
La violencia filio-parental no debería ser un tema tabú. Es una realidad compleja, dolorosa, pero transformable. Y gracias a asociaciones como Raíces, muchas familias están encontrando caminos de reconciliación, sanación y cambio.
La clave está en hablar, prevenir, y acompañar sin juicio.
¿Quieres saber más sobre este trabajo?
👉 Mira la entrevista completa a Arantxa sobre el trabajo de Asociación Raíces en violencia filio-parental:


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