Visibilizar lo que nadie quiere ver
La violencia filio-parental sigue siendo una de las formas más invisibilizadas de violencia intrafamiliar. A menudo silenciada por vergüenza, miedo o culpa, muchas madres —porque son ellas las más afectadas— viven situaciones extremadamente duras sin saber a quién acudir ni cómo pedir ayuda.
La Asociación Raíces, con sede en Terrassa, trabaja desde hace años en la atención y orientación de este tipo de conflictos. Su equipo acompaña a familias que han vivido el impacto de esta violencia de parte de sus propios hijos. Y ahora, tras años de trabajo en el terreno, ha presentado un estudio de investigación que recoge información clave para entender esta realidad social.
¿Qué es la violencia filio-parental?
La violencia filio-parental se refiere a las agresiones físicas, psíquicas o emocionales que algunos hijos ejercen sobre sus progenitores. Puede presentarse como insultos, amenazas, chantajes, golpes o control emocional. En muchos casos, esta violencia es continua y provoca una pérdida total de la autoridad adulta en el hogar.
Desde Raíces advierten que los casos no paran de crecer. En palabras de su presidenta, Arantxa Herrador:
“Cuando una familia tiene que denunciar a un hijo… imaginad lo que está pasando en esa casa. Eso es un infierno.”
El estudio: investigar para comprender, no para juzgar
La investigación ha sido posible gracias a una beca del Departament de Justícia y está liderada por Arantxa Herrador junto al psicólogo de medio abierto Toni Cantó.
El objetivo principal del estudio es comprender los factores que pueden hacer a algunas madres más vulnerables a sufrir violencia filio-parental y visibilizar el vacío de recursos que existe actualmente para acompañarlas.
¿Cómo se realizó el estudio?
El trabajo de campo comparó a dos grupos de 36 madres del mismo entorno sociodemográfico:
- Un grupo de madres que han denunciado violencia por parte de sus hijos.
- Otro grupo que no ha formalizado ninguna denuncia, aunque conviven con situaciones similares.
Este enfoque permitió identificar diferencias clave en cuanto a:
- La percepción de responsabilidad.
- La búsqueda (o no) de recursos de apoyo.
- La capacidad de reacción frente al conflicto.
- La intención real de cambio dentro del hogar.
Resultados clave del estudio
1. La culpa es un obstáculo profundo
Muchas madres, antes de actuar, se preguntan qué han hecho mal para llegar a esa situación. El sentimiento de culpa aparece incluso más fuerte que el miedo.
Tal y como se recoge en el estudio:
“No solo por la relación madre-hijo, sino porque es un tema que implica destapar una situación íntima y hacerla pública.”
Esta culpa impide muchas veces denunciar, pedir ayuda o incluso hablar del tema.
2. Existe una “cifra negra” de casos ocultos
Tanto Herrador como Cantó coinciden en señalar que la mayoría de casos no llegan a denunciarse. Son familias que aguantan en silencio.
Este fenómeno se conoce como cifra negra, y representa una parte importantísima del problema.
“Hay muchísima gente que no denuncia por vergüenza o por miedo.”
3. Falta atención especializada y recursos reales
Uno de los mensajes más fuertes del estudio es la denuncia clara de una carencia:
las familias no encuentran espacios preparados para atender este tipo de violencia.
Los servicios tradicionales —salud mental, servicios sociales, atención primaria— no siempre están capacitados para intervenir en estos casos tan complejos.
“Nos encontramos solas. Nos faltan recursos, gente especializada y una atención real.”
4. Las asociaciones como Raíces son imprescindibles
Ante la falta de alternativas institucionales, entidades como Raíces cumplen un papel fundamental. No solo atienden casos, sino que generan espacios de confianza, intervención terapéutica y redes de apoyo emocional.
A pesar de su esfuerzo, no pueden sostener solas la magnitud del problema.
“Nosotras creemos en trabajar con toda la familia. Padres, madres, hijos, hermanos… todos forman parte del conflicto y también de la solución.”
Una realidad que golpea: casos en aumento
Durante el mes de marzo, la Asociación Raíces registró una veintena de nuevos casos de violencia filio-parental. Una cifra alarmante, si consideramos que:
- La mayoría de casos no se denuncian.
- Muchas familias no saben que existe una asociación como Raíces.
- El número de profesionales preparados es insuficiente.
El valor de actuar antes de la denuncia
Tanto Arantxa Herrador como Toni Cantó coinciden en algo esencial:
la intervención debería llegar mucho antes que la denuncia.
“Si se pudiera abordar el problema desde las instituciones a nivel preventivo, sería mucho mejor. La denuncia debería quedar como opción para los casos más graves.”
Esto exige una respuesta social y política mucho más ambiciosa. Desde la formación en escuelas hasta la implementación de protocolos claros en salud mental, servicios sociales y justicia.
¿Qué reclaman las familias?
Las madres entrevistadas en el estudio expresaron de forma clara sus necesidades:
- Ser escuchadas sin juicio.
- Recibir orientación profesional real.
- Encontrar espacios donde puedan hablar con otras madres en su misma situación.
- Acceder a servicios públicos especializados y accesibles.
Raíces: una red de cuidado y cambio
Fundada en 2013, la Asociación Raíces se ha consolidado como un referente en la intervención en violencia filio-parental en Terrassa. Desde su sede en el número 22 del Raval de Montserrat, su equipo acompaña con profesionalidad, empatía y compromiso.
La intervención no se limita al conflicto actual. También trabajan en:
- La reconstrucción de roles familiares.
- La gestión de la rabia y la impulsividad.
- La sanación emocional del vínculo.
- La prevención de nuevas formas de violencia.
“Intentamos reubicar los roles: padres en su lugar, chavales en el suyo. Sanar la rabia acumulada y recuperar el vínculo perdido.”
¿Cómo podemos ayudar desde fuera?
Como sociedad, tenemos mucho por hacer:
- Visibilizar este tipo de violencia sin tabúes.
- Formar a profesionales en escuelas, centros de salud, servicios sociales y justicia.
- Apoyar a las asociaciones que ya trabajan en el terreno.
- Evitar juzgar a las madres que atraviesan esta situación.
- Exigir políticas públicas reales para prevención e intervención.
Conclusión: dar voz para dar respuesta
Este estudio no es solo un documento académico. Es un grito colectivo.
Una llamada de atención. Un reflejo de una realidad que muchas veces se esconde detrás de puertas cerradas y sonrisas obligadas.
Las madres necesitan ser escuchadas. Las familias necesitan apoyo. Y la sociedad necesita reaccionar.
Raíces ha hecho su parte: estudiar, visibilizar, sostener.
Ahora el reto es de todos: construir una respuesta colectiva a una violencia que ya no podemos permitirnos ignorar.
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